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martes, 15 de enero de 2013

Guiño al pasado

Llegas a tu cuarto, a tu helado cuarto, notas como el frío te cala hasta los huesos. Hoy fue un día realmente asqueroso, lo único que has sacado en claro es un dolor de cabeza del copón y la autoestima un tanto baja; te acercas a un viejo cofrecito de madera en busca de una pastilla para calmar la sensación de malestar y, de pronto, lo encuentras.

Te quedas un rato mirando, brilla un poco incluso estando en la leve oscuridad que le ofrece el cofre. Decides cogerlo, está frio y pesa un poco; vuelves a recordar su tacto y lo acercas a tu oido sin abrir para comprobar si aún funciona. Un leve "jé" se escapa de entre tus labios, alegrándote de que sigue "vivo".

Al abrirlo, lo ves funcionando, marcando la hora, su esfera refleja tu cara. No se sabe a ciencia cierta si es porque hoy no has estado muy animado, por si te duele la cabeza, por otras tonterias que rondan tu cabeza o por un rebujito de todas que, al verlo, tu mente se teletransporta a esa infancia tan maravillosa en el piso de él. 

"¿Te acuerdas?"-una voz sale de tu mente- "correteabas por todo el piso rebuscando todos los cajones y recobecos mientras él en su despacho hacía papeleos mientra tenía la radio puesta. Llegabas allí y mirabas los cajones de su despacho, dejabas los mejores para el final, porque sabías perfectamente que ese reloj de bolsillo plateado era tu debilidad aunque estuviera roto. Él cuando te veía coger eso te contaba las 'batallitas' que tuvo junto a ese objeto en su adolescencia en la mili, en Ceuta."

Luego tu mente salta al último instante en que lo viste, esa noche en el pasillo enfrente de tu casa, acompañado con tus padres. Tú, por querer llegar antes a casa te fuiste con tus padres en vez de con él, pero tenía la costumbre de correr bastante con el coche y os alcanzó, haciendo que llegarais todos a la vez al piso.
Mientras tus padres abrían la puerta de la casa él te miró, con esa carita de guasón que le encantaba poner, y que reconoces muchas veces que las pones porque es una manía que te encantaba de él, y te dijo lo último que escucharías.

Han pasado 9 años ya, y aún sigues recordando esa escena, su cara, con total nitidez. Ahora tienes un dolor de cabeza en un día cualquiera, observando fijamente el reloj con más años que la mano que lo sostiene, y prometiéndote que lo cuidarás para que su recuerdo siga vivo en tí.

Libra.

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