Buenas noches, queridos lectores, lamento la pausa que me he dado el lujo de permitirme sin previo aviso; pero el verano es lo que tiene. Además que últimamente andaba un poco corto de inspiración y, por decirlo de alguna manera, estaba reservando poco a poco.
Es increible cuán rápido pasan los días y eso me "asusta" en cierto sentido; si pasan los días rápidos, ¿qué cosas se nos pasaran por alto a lo largo de ellos? sin percatarnos, apenas.
El otro día fuí testigo de eso; en uno de esos días de playa con la familia que tan largos se me hacen (no me gusta la playa mucho), cuando todo parece ir más lento debido a ese "aburrimiento"; cuando está uno más "despierto" a su alrededor y es más consciente de las cosas.
En la playa donde fui se llevaba ese mismo día una actividad social por una asociación que consistía básicamente en que la gente impedida (sillas de rueda, fundamentalmente) tuviera la oportunidad de disfrutar un poco más del verano haciendo que se bañasen en la playa con una silla homolagada para ello.
En una ocasión vi como una de esas personas en silla de rueda se levantaba solo para ponerse en el carrito homologado ese entre reprimendas de una voluntaria de la asociación diciéndole que le pidiera ayuda para levantarse, que para eso ella estaba allí. Fue una cosa trivial, no le eché tampoco mucha cuenta.
Lo curioso viene cuando, al cabo de 1 hora o así, veo a ese mismo hombre (Fernando, creo que se llamaba) en su silla, mirando para el mar; sereno.
No tardó mucho en avanzar con la silla dirección al mar hasta donde la "acera" de la playa le permitió; comenzó a levantarse poco a poco y al dar el primer paso calló al suelo. 'Pobre hombre'-pensé.
Pero no se rindió, decidió que si no podia ir andando iría a gatas hasta el agua, y así lo hizo hasta adentrarse y comenzó a nadar.
Al cabo de un rato le ayudaron a salir, apoyado el hombre a hombros de un voluntario mientras que éste le preguntaba: 'Pero hombre de Dios, ¿por qué has hecho eso?'. Él le miró riendose, cansado, y le respondió: 'Porque en el agua puedo apoyar los pies en el fondo, como si pudiera andar'
Entonces, yo pienso, ¿'pobre hombre'? No; qué valiente, optimista y soñador. Él no quería ir al agua solo por orgullo, ni por verguenza que sintiera al llevarle la gente al agua con ese cacharro con flotadores que tenian. Quería sentir, desear incluso, volver a andar y en el agua tenía la sensación de que podía hacerlo, algo tan común para muchos como es ponerse de pie y andar unos pasos para él le resultaba casi imposible pero que ansiaba con toda su alma.
Eso me hace pensar en que si no estaremos pasando por alto las cosas simples de la vida como es el estar bien, el estar con alguien que te quiera por como eres o simplemente el estar.
Se que este texto tonto no lo llegará a leer pero desde aquí, Fernando o como quieras que te llames, que sepas que me emocionaste aquel día enseñándome una buena lección; no te rindas.
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