Buenas noches apreciados lectores; hace días que no escribo como algunos habréis podido observar. Es simplemente porque no encontraba la inspiración que necesitaba, últimamente ando bastante liado mentalmente y las cosas pues, o no salen solas o no quieren salir.
Hoy me encontraba en mi pequeño santuario, disfrutando de un momento de paz solo, con música a un volúmen lo suficientemente alto para inspirarme pero no demasiado alto para ahogar mis pensamientos. Es uno de esos ratos en los que necesitas recapacitar, re-encontrarse a uno mismo, observar el rastro que tu presencia ha dejado con el paso de los días y las huellas que hayas podido dejar (voluntariamente o no).
Mientras estaba en el coche, inhalando el humo de la cachimba y expulsandolo lentamente de entre mis labios observé como el humo se desvanecía poco a poco.
Ello me hizo pensar en las palabras, en cómo estas son capaces de poder llegar al rincón más oscuro de las personas y lo que pueden remover en el interior de éstas.
Las palabras (y más algunas en concreto) ganan más fuerza si son pronunciadas por aquellas personas a las que tenemos un aprecio especial pero, lo realmente valioso de la palabra, es lo que implica.
¿Quiero decir con esto que las palabras no son importantes? De ningún modo, las palabras son las mensajeras de las intenciones que ellas contienen. No malgastes tu saliba solo en decir cosas bellas o bonitas hacia esa persona, demuéstraselo, solo así podrá conocer que esas palabras han sido dichas de corazón y que son ciertas.
Por eso, amig@ lector/a, si estás al lado de ese diamante en bruto no le digas todo el rato un simple "te quiero", un " te amo" o promesas vagas, muestra que tus sentimientos son verdaderos; y que esas dicciones que se escapan de entre tus dientes son tan puras y cristalinas como las lágrimas que conseguirás arrebatar de esos ojos que, un día, fueron capaces de enamorarte. Éso, sin duda, será tu mejor recompensa.
Saludos
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